Los dispositivos externos generan pequeñas descargas que posibilitan la recuperación del ritmo cardiaco ante una parada
El desfibrilador lo puede utilizar cualquier persona porqueúnicamente es útil ante la fibrilación, en caso contrario no actúa C ada año mueren unas 250.000 personas en Europa como consecuencia de una muerte súbita, es decir, aproximadamente cada dos minutos un ciudadano europeo sufre una parada cardiaca. Sólo uno de cada diez sobrevive. Ante un episodio de fibrilación ventricular tenemos diez minutos para recuperar el ritmo, en caso contrario la persona fallece. Cuando se produce el desmayo el temporizador vital empieza su cuenta atrás. El uso de un desfibrilador es básico. Sin él no hay posibilidades de reanimación. Los dispositivos externos son la única herramienta disponible para actuar en caso de emergencia. Con cada minuto que pasa las posibilidades de supervivencia se reducen. No siempre que presenciamos un desmayo estamos ante una muerte súbita, hay muchos otros motivos, en general sin importancia. Sin embargo, ante un episodio de fibrilación ventricular, las posibilidades de supervivencia se concentran en diez minutos, por eso, reaccionar con rapidez es fundamental. De todas las muertes súbitas que se producen en la calle, actualmente sólo dos de cada 100 personas salen vivas del hospital. No llegar a tiempo es la principal causa. El primer paso esencial ante una muerte súbita es alertar al Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM) a través del 112. “Es importante alertar antes de socorrer a la víctima- explica el director general del SEM, Francesc Bonet-, porque una vez se llama y los profesionales del SEM identifican una posible parada cardiorespiratoria, se pone en marcha una unidad de soporte vital avanzado y ganamos tiempo de actuación”. Ante la muerte súbita el tiempo de reacción es mínimo. Por eso, Bonet entiende que “una población instruida en masaje cardiaco y respiración asistida puede ser de gran ayuda en estos casos en los que, mientras llegan los profesionales del SEM, ganar segundos es vital. En todos los colegios se deberían enseñar las técnicas de reanimación”. Además, cada vez son más los lugares públicos que disponen de desfibriladores automáticos. “Están aumentando el número de gimnasios, clubs deportivos e instalaciones públicas y privadas que invierten en desfibriladores. El coste es insignificante en relación al beneficio que produce”, apunta Carlos Reñé, experto en este tipo de dispositivos. Los defibriladores, a través de pequeñas descargas eléctricas, recuperan el ritmo cardiaco. “Los automáticos puede utilizarlos cualquier persona porque únicamente son útiles ante la fibrilación, en caso contrario no actúan”, añade Bonet. Algunas estadísticas sugieren que de haber habido un desfibrilador, el 80% de las muertes súbitas se podrían haber evitado. Hasta ahora eran necesarias ocho horas de formación, con una renovación anual, para poder utilizar este dispositivo. Con la insistencia de los profesionales se ha conseguido que se añada un párrafo en el Decreto donde se especifique que ante una urgencia cualquier persona puede utilizar el desfibrilador. El uso de un dispositivo automático, los que encontramos en lugares públicos, es muy sencillo. Sólo se deben seguir las indicaciones para colocar los parches y el desfibrilador hace el resto. Por eso los especialistas médicos recomiendan que ante la duda de estar frente a una parada cardiorespiratoria, a lo mejor opción es utilizar el desfibrilador. “Debemos acostumbrarnos a convivir con ellos como lo hacemos con los extintores porque los dispositivos están especialmente diseñados para su uso por personal no sanitario así que no implican riesgo alguno ni para el usuario ni para el paciente”, aclara Reñé
