La crisis representa una gran oportunidad

Entrevista a Flavio a. Soares de Soares & Avila Abogados.

Qué tipo de asesoramiento ofrece Soares & Avila Abogados a las empresas que quieren entablar relaciones comerciales con Brasil? -El despacho se estableció en Barcelona en 1993, en plena crisis posolímpica, con el propósito de asesorar a las empresas catalanas y españolas hacia Brasil. Al primer seminario que organizamos acudieron 20 personas. El punto de inflexión se produjo con el cambio de moneda, que despertó el interés por la economía brasileña. Nuestro asesoramiento es muy amplio en cuanto a inversiones, y abarca sectores muy variopintos: desarrollo de software, fabricantes de extractores de cocina, pequeños gabinetes de ingenieros, y empresas vinculadas a los dos grandes eventos que acogerá Brasil, los JJOO y el Mundial de fútbol. También colaboramos activamente con ACC1Ó apoyando a las empresas que se van a Sâo Paulo y Silicon Valley (San Francisco, California).

-¿Cuáles son los primeros pasos que ha de seguir una empresa para introducirse en el mercado brasileño? -De entrada, el mercado brasileño es demasiado grande para el perfil de la empresa española. España tuvo una transición política pero no realizó una transición económica. ¿Por qué? Cuando termina la dictadura, se establece la democracia y se entra en la Comunidad Europea, esta lo que hizo fue sacarse de encima todo el parque industrial español que estaba obsoleto. Desaparecieron los grandes grupos industriales. Hoy, el tejido empresarial catalán y español está formado por pequeñas y medianas empresas. Estas pymes están acostumbradas a trabajar con las pautas del mercado local, distintas a las del panorama internacional. Desde el punto de vista productivo, a la empresa española le cuesta entrar en el mercado brasileño por su propia dimensión. Y desde la perspectiva jurídica, existe una falta de educación empresarial para establecerse fuera de España. El país ha estado muchos años encerrado en sí mismo y ahora le cuesta salir al exterior.

-¿Qué atractivos tiene Brasil para las empresas catalanas? -La posibilidad de crecer en ese mercado en los próximos 10-20 años. Aquel que quiera ir a Brasil por un periodo de tres años, que no vaya. Hay que ir con miras más amplias.

-¿Y viciversa? -En este sentido, el principal aspecto a tener en cuenta es que la legislación fiscal brasileña imputa a las empresas impuestos de sociedades sobre los beneficios obtenidos en el extranjero. En otras palabras, después de pagar impuestos de sociedades en Europa o EEUU, cuando las empresas retornan los beneficios a Brasil están obligadas a pagar impuestos sobre los mismos. Ante esta realidad, el empresario brasileño se pregunta: ‘¿Por qué voy a salir del país?’ La política fiscal de Brasil es claramente del siglo XVIII.

-A su juicio, ¿qué sectores son los más proclives a la exportación? -Yo distinguiría la exportación de lo que es inversión directa. En cuanto a la primera, España se destaca, sobre todo, por los sectores del aceite y los vinos, aunque el ritmo de penetración en el mercado brasileño es lento porque han llegado tarde. En inversión directa destacan los grandes proyectos, por un lado, y las pequeñas empresas, por otro. Respecto a los primeros, ninguna constructora española puede entrar en Brasil sin asociarse con una empresa local. Hay por lo menos cinco o seis grandes constructores brasileños para el desarrollo de grandes infraestructuras que llevan como mínimo 40 años ejerciendo en el país y en todo el mundo. La necesidad de firmar alianzas no solo obedece a aspectos propios de la ejecución de la obra sino también a temas relacionados con la agenda política, las licitaciones, etcétera. Tradicionalmente, la industria brasileña siempre ha estado muy enfocada al mercado americano. Sin embargo, España cuenta con cosas buenas, como el diseño y la creatividad. Mercado hay pero con un carácter más intelectual que operacional. La empresa española ha de saber adaptarse a la idiosincrasia del mercado brasileño.

-¿Dónde se localizan las mejores oportunidades de negocio? -Como especialistas en la materia, creo sinceramente que las mejores oportunidades se encuentran en todo lo referente a los derechos de propiedad intelectual industrial. En nuestra oficina en Río de Janeiro estamos trabajando muchísimo en el ámbito de la protección jurídica de derechos de propiedad intelectual industrial. Yo creo que es uno de los sectores más potentes a desarrollar en Brasil. Los brasileños son consumistas, pero obligan a las empresas a estar presentes en el país. Si se toma la decisión de establecerse allí, hay que asumir las consecuencias.

-A su juicio, ¿qué retos deben afrontar las empresas que apuestan por la internacionalización? -Las empresas tienen que entender que no pueden hacer lo que quieran en América  Latina. Tienen que respetar las leyes, las personas, la cultura… Sin ética y respeto todo lo demás no sirve, se descompone.Teniendo en cuenta esta premisa, hay un camino por explotar a los dos lados del Atlántico. Ahora bien, en el bando brasileño, falta llevar a cabo una reforma fiscal inmediata que simplifique todo el tema de impuestos, y flexibilizar, en colaboración con la UE, el programa agrícola comunitario. En definitiva, abrir los mercados. Desde aquí, creo que debería haber menos intervención pública a la hora de orientar a las empresas. Uno tiene que conocer sus límites, cambiar la mentalidad y respetar las reglas del país en el que nos queremos establecer.

-¿Cómo afecta la crisis económica a la hora de buscar nuevos mercados en el exterior? -La crisis afecta sobre todo a la capacidad de pensar. Si nos deprimimos todos en ningún momento saldremos adelante. Lo que hay que hacer ahora es no caer en la resignación y trabajar con más ahínco si cabe. Es más una cuestión de motivación, saber que ahora no toca estirar más el brazo que la manga. Nos hemos equivocado, no pasa nada por reconocerlo. Rectificar es de sabios. A efectos de inversiones, la crisis representa una gran oportunidad. Si nos ponemos a llorar nos vamos a deshidratar. Prefiero apostar por la motivación.