Todo empezó con el Pla de Biblioteques 1998-2010, que ha dado lugar a una red de 36 bibliotecas municipales sin contar otras dos que están en construcción. De estas, 10 son bibliotecas de distrito, o sea, equipamientos de referencia cultural en cada distrito barcelonés, y el resto, un poco más modestas, son equipamientos de barrio. La idea, según el responsable de cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Martí, está clara: «Que la actividad cultural que propone una biblioteca sea más próxima al ciudadano».
En sintonía con este objetivo se trata de lograr que, entre la de barrio y la de distrito, el ciudadano sacie todas sus necesidades culturales sin que eso le suponga un gran desplazamiento. Parece ser que las cosas van sobre ruedas, ya que la cifra de usuarios a la que se preveía llegar una vez puestas en marcha las 39 bibliotecas, cinco millones de usuarios, se alcanzó hace tiempo.
La importancia de la biblioteca radica, según palabras de Martí, en que «es el único equipamiento donde se encuentran todas las tipologías de ciudadanos». Una escola bressol es solo para niños de hasta 3 años; un casal de gente mayor, para personas mayores; y un casal juvenil también se dirige a un público concreto. Pero una biblioteca es un bien cultural del que todos hacen uso. Por eso, los proyectos de este tipo se detienen y van mucho más allá. Barcelona afronta ahora tres retos de futuro: ampliar la red de bibliotecas, la revolución digital y trabajar de forma coordinada con el área metropolitana.
EXTENDER LA RED
Hasta el 2020 se construirán ocho bibliotecas más y se harán actuaciones de mejora en 10 de las que ya funcionan. Resultado: 50 bibliotecas municipales; las 10 de distrito más 40 de barrio, además de la Bilblioteca Provincial, que se construirá cerca de la Ciutadella. En otras palabras, según Martí, se trata de «que todo ciudadano tenga una biblioteca a 20 minutos de casa andando ». Eso sí, algunos de los equipamientos previstos dependen de transformaciones urbanísticas que tienen que dar lugar a nuevos barrios y, con ellos, a movimientos poblacionales que generen nuevas necesidades. Es el caso, por ejemplo, del barrio de la Marina Port Vell.
Con la extensión territorial, la red de bibliotecas se plantea un debate ineludible de cara al futuro más inmediato: la revolución digital. «Tenemos que ver cómo un espacio analógico se convierte en un espacio digital », explica en este sentido Martí. Sobre la mesa, propuestas como la de prestar e-book a los usuarios, aunque todavía no hay nada definitivo. «Lo importante es que el equipamiento en sí mismo siga siendo un espacio comunitario donde haya contacto entre los usuarios», añade. El reto es complejo, puesto que el entorno virtual sustituye, cada vez más, al libro de toda la vida.
ÁMBITO METROPOLITANO
El tercer reto es una red de bibliotecas a escala metropolitana. «Tenemos que poder utilizar todas las bibliotecas que hay en el área metropolitana indistintamente », afirma con rotundidad el responsable de cultura del consistorio. Y es que, a día de hoy, las bibliotecas de la ciudad no están conectadas con las del área metropolitana. Así, un usuario de Cornellà de Llobregat no puede contar con el material de que dispone una biblioteca de Sant Andreu. El objetivo en esta línea lo define muy bien Martí: «La Barcelona de la red de metro tiene que ser también la Barcelona de la red bibliotecaria».
MACROEQUIPAMIENTO
A todo este planteamiento de futuro se añade un hecho que supone un punto de inflexión. En septiembre del año pasado, Barcelona adjudicó un solar cercano al parque de la Ciutadella para construir la gran Biblioteca Provincial. Con una superficie de 18.000 metros cuadrados, 3.000 más de los previstos inicialmente, será la biblioteca más grande de la ciudad y está previsto que entre en funcionamiento en el 2014, con un lote fundacional de 200.000 volúmenes. El coste de la gran obra es de 37 millones de euros.
SIN PASAR POR EL MOSTRADOR
Otra meta propuesta para la red de bibliotecas es poner en marcha el autopréstamo. Se trata de introducir un sistema de radiofrecuencia que servirá para que el usuario pueda coger un documento en préstamo sin tener que pasar por el mostrador. Así, el usuario, que ya puede devolver los libros a través los buzones que hay a la puerta de las bibliotecas, tendrá autonomía total.
Foto: Cris Izquierdo