ARQUITECTO JEFE DEL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
POR LUIS BENAVIDES
Arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona. Lleva en la Administración desde el 2001, como director de Urbanismo del 22@ (2001-2003) y director de Planes y Proyectos (2001-2005).
Para la construcción de un edificio el arquitecto encargado debe planificar minuciosamente cada paso, y tener en cuenta mil factores, variables y detalles seguramente invisibles para los profanos del ladrillo. Desde el presupuesto a los usos de los futuros inquilinos pasando por el clima y la orografía. En este sentido, la complejidad de su trabajo se eleva a la máxima potencia cuando se trata de pensar y construir una ciudad entera.Oriol Clos es el arquitecto de referencia entre los encargados de gestionar el espacio en la vertiente urbanística. Desde el ventanal de su despacho, en pleno 22@, Clos no pierde detalle de las evoluciones del penúltimo gran reto de la ciudad: la reforma de la plaza de las Glòries.
– ¿Cómo explicaría la figura del arquitecto jefe de una gran ciudad?
- Barcelona desde hace ya unos 30 años, con la llegada de la democracia, tiene una especial sensibilidad por los temas de la arquitectura. Y el cargo de arquitecto jefe es un reconocimiento a la necesidad de que todas las acciones y preocupaciones respecto a la arquitectura sean transversales.
-¿Cuál es su día a día?
-Mi día a día supone la preocupación y el seguimiento de todos los proyectos, desde los más grandes y estratégicos hasta los más pequeños, más de barrio. No puedes estar en todo, pero siempre eres el referente, intentas organizar y unificar criterios, para que haya una manera de actuar y entender la arquitectura de una forma lo más homogénea posible dentro de la maquinaria municipal.
-Y su máxima preocupación es…
-Una de mis máximas preocupaciones es la homogeneidad pero también la calidad, tanto constructiva como de diseño, por encima de todo, combinando la unidad estilística con la expresión individual de cada uno de los proyectistas que trabajan en la ciudad.
- Supongo que tiene en cuenta criterios sociales, no solamente urbanísticos.
-Nuestro trabajo responde a las demandas de la gente. Un buen arquitecto está conectado a su entorno, a su ciudad. Todos aquí nos sentimos al servicio de la ciudad, y aquí nos reunimos para hablar precisamente de esto. Los criterios son la calidad del espacio, los costes y la respuesta de lo que la gente espera de ese espacio. Porque claro, no siempre todo el mundo quiere lo mismo de un espacio concreto. Si hablamos de espacio público es obvio que hay grupos sociales y puede usarlo de una u otra forma, dependiendo de la hora, del día de la semana, de la época del año… El espacio de la ciudad es siempre el mismo, y la manera de utilizarlo es diferente, porque va cambiando, adaptándose.
-La gente a veces se queja de que su calle esté siempre patas arriba.
- La gente es muy exigente y entiendo esto como un valor positivo. Porque puede costarles entender un cambio cuando no pueden ver el final. Y por eso tenemos que hacer un esfuerzo para que las cosas que empezamos las vayamos acabando, ni que sea por partes. Explicar arquitectura y urbanismo a la sociedad, comunicar porqué y cómo se hacen las cosas, es complicado aunque forma ma parte de nuestras obligaciones. En cada caso, además, se debe hacer de una manera. No hay un manual. En general, sin embargo, creo que la gente entiende estos cambios como mejoras.
- ¿Qué actuaciones destacaría de entre todas las que ha liderado?
-Yo siempre destaco lo que está por hacer. En proceso hay actuaciones especialmente relevantes como la plaza de Les Glòries, La Sagrera, el 22@, del que estoy muy orgulloso como ayuntamiento y a nivel profesional. Ha sido un orgullo arrancarlo bien, y un reto continuarlo.
- ¿Qué tienen en común?
-El urbanismo se tienen que pensar, planificar, proyectar, y es necesario equilibrar todos los intereses. Y tenemos que marcar estrategias, que luego se resuelven en acciones concretas. En estos momentos, en Barcelona tenemos marcadas unas líneas estratégicas importantes que merece la pena continuarlas. Como por ejemplo, la transformación de los tejidos urbanos, de cierta homogeneidad, sin negar lo que ya existía antes, para establecer un espacio que permite usos succesivamente complejos dependiendo de la coyuntura. También seguimos trabajando en la integración de infraestructuras en el espacio urbano, como las rondas en su momento, o ahora las ferroviarias con La Sagrera. Estas infraestructuras son el pretexto para transformar la zona.
-¿Podemos decir entonces que existe el sello Barcelona?
-Normalmente cuesta ver un sello desde dentro, pero seguro que existe. Pienso que queda claro cuando salimos fuera, o cuando nos visitan. Se valora mucho la colaboración entre los sectores públicos y privados, de manera que desde una gestión del Ayuntamiento de Barcelonoa puedan organizarse las sinergias del mundo privado. También forma parte de nuestra manera barcelonesa de hacer las cosas mantener una cierta austeridad o contención en la resolución física y arquitectónica del espacio.
- Podría exportarse…
- No soy especialmente partidario de dar lecciones. Intento recibir y, sobretodo, recoger experiencias. Pero no creo que haya un modelo que pueda irse replicando porque cada situación urbana es un hecho específico que depende de un pasado, un futuro, una situación geopolítica, física… Me consta que el 22@ es muy admirado internacionalmente, y comienzo a percibir que pasa algo similar con La Sagrera…
-¿Qué oportunidades a nivel urbanístico supone un proyecto de infraestructuras ferroviarias como este?
- La Sagrera supone la oportunidad de romper con la fractura entre dos barrios separados anteriormente por las vías del tren. Lo que era una fractura se convertirá en un nuevo tejido urbano, con un maravilloso espacio público de unión que incorpora servicios, equipamientos, incluyendo una gran zonas verde.
- ¿Y Les Glòries?
- El orígen de Les Glòries es una pauta geográfica definida por Ildefons Cerdà, que debía haber sido algo así como el centro de una futura nueva ciudad. Pero por avatares de la historia y otros condicionantes, como la presencia de ciertas infraestructuras, se convirtió en algo así como el límite de la ciudad: a un lado el Eixample; al otro, la zona más industrial. Romper esta barrera es lo que cuesta tantos años, comenzando en 1992, cuando se desplazaron las líneas de la costa. En el futuro debería dar continuidad al Eixample, y se construirán numerosos equipamientos, como viviendas o un gran parque. Es difícil encontrar en Barcelona un punto tan claramente definido físicamente donde se encuentren todas las contradicciones y demandas que hacemos a una ciudad compleja como la nuestra.
-¿Existe alguna fecha concreta de finalización de las obras?
- Es un proyecto largo. Porque en el 2007 se pactó la modificación del Plan, pero antes hubo un proceso previo de debate con agentes diversos. Y tenemos el compromiso de acabar el proyecto en el próximo mandato, aproximadamente, aunque aspectos como los equipamientos que se instalarán dependen también de otros temas como la financiación.