A menudo, la transformación de la ciudad a nivel urbanístico choca con elementos históricos, que correrían el peligro de desaparecer cuando, por ejemplo, se trazara un plan que previera abrir una calle y derribar edificios de viviendas. Para evitarlo, existen una serie de planes que garantizan la preservación de los cascos antiguos de todos los exmunicipios agregados a Barcelona que hoy son barrios.
Porque, además del casco antiguo de la ciudad, hay muchos barrios que también tienen su propio centro histórico y es importante que estos evolucionen sin perder su carácter histórico. Es el caso, por ejemplo, de La Bordeta, Sants, Sarrià, Sant Andreu, Horta, Camp de l’Arpa, Poblenou y el Farró, barrios donde se ha abierto una línea de trabajo para estudiar sus centros históricos y determinar la forma de preservarlos.
Hoy, los núcleos de Sarrià y Poblenou ya tienen aprobado un plan que prevé medidas y establece unos criterios que garantizan la preservación y respeto de sus calles y edificios más emblemáticos. En la calle Major de Sarrià, por ejemplo, las casas más antiguas estaban construidas más avanzadas que las nuevas, que se edificaron más retrasadas para lograr acercas más anchas. Aunque estuviera previsto derribarlas, el nuevo plan de preservación del casco histórico lo evitará, ya que el valor de estas casas prevalece sobre el ensanchamiento de las aceras.
En definitiva, lo que hacen estos planes es modificar algunos criterios del Pla General Metropolità, que establece unas medidas iguales en todos los barrios. Pero cada uno tiene sus especificidades. Por ejemplo, el PGM puede determinar que hay que mantener los edificios de más de 6 metros de fachada, pero resulta que en un casco antiguo hay edificios históricos que son más estrechos. Gracias a estos planes, los edificios están ahora protegidos.